domingo, 1 de noviembre de 2026

La hora de la retirada.

Hay personas sensibles que guardan la ofensa o el desprecio de alguien durante toda la vida.
En unas, esa herida despierta un profundo desamparo y una tristeza que se instala sin pedir permiso; en otras, se convierte en ira, en un fuego que arde en silencio.
A veces la ofensa vuelve, ya sea en los recuerdos que se repiten o en un desaire nuevo, y la persona va adquiriendo, poco a poco, una capacidad de defensa. Aprende a protegerse, a no entregarle a quien hiere, el poder sobre su paz.
Y es entonces cuando descubre la libertad que ofrece la distancia, no como huida, sino como refugio. Es ahí cuando el dolor del resentimiento se reduce a su mínima expresión, dejando una cicatriz que ya no sangra.

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