Y hartos ya; ahogados hasta la extenuación de tanta opresión, comenzaron la revuelta. La rabia contenida, el rencor acumulado, la impotencia desatada hicieron su trabajo. Aun gobernando y avanzando en logros éticos y morales, muchos no conseguían perdonar y cometieron crímenes contra el opresor.
...Y llegó la guerra; las pérdidas sufridas se contaban en ambos bandos, y la sangre vertida se mezclaba de parte a parte.
...Y aquella guerra terminó, pero tras esa, empezó otra; la inusual, la ilegal, la inmoral; un genocidio brutal donde la cantidad de sangre vertida pertenecía en mayor proporción al bando perdedor.
... Y la opresión volvió.
Ppi.
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