martes, 10 de enero de 2023

Y la culpa no era mía. R.L

Y LA CULPA NO ERA MÍA

La gente se lo pasa diciendo que quiere ser feliz, que ser feliz es lo más importante en la vida. Pero no están diciendo la vedad, al menos no completa. A la gente no le interesa hacer lo necesario para alcanzar la felicidad. A la gente no le interesa ser feliz; le interesa comprar las cosas, las experiencias y a las personas que suponen les producirán felicidad en la vida.

Nunca voy a saber qué sintió ese niño antes de apuntar con el arma a su maestra, lo que experimentó cuando la vio desplomarse y luego cuando disparó contra sus compañeros. Jamás sabré los infiernos por los que tuvo que andar para llegar al suicidio. Quizá estaba fuera de sí, o acaso jugó mucho “Call of duty”, quizá sufrió acoso por parte de su maestra, o de sus padres o de sus compañeros de clase, o de todos a la vez, acaso se haya dado cuenta desde muy chico que no tenia un gran futuro, que ya no hay garantías, que el mundo se quema entre guerras e incendios, tal vez simplemente fue el hilo más delgado de este entramado social en el que el entretenimiento refleja los intereses del mercado -la industria armamentista, y el capitalismo nos enseña a comprar seguridad, a comprar como solución de todos los problemas…

Pero una cosa sí sé. Ese niño no era feliz…

Era nada más cosa de tiempo que las masacres en las escuelas norteamericanas extendieran su infección hacia el sur. Después de todo, tenemos aquí una eterna y ambigua fascinación por todo lo norteamericano. Inexorablemente la cultura del revolver y la autodefensa iba a acabar por contaminarnos. Primero casos aislados, después la dolorosa nueva normalidad… Ya pueden revisar las mochilas, de nada servirá si no nos revisamos el alma.

El gobierno no tiene como prioridad la felicidad de sus ciudadanos. Quisiera decir que intenta  el logro del bienestar social y económico a través de servicios, pero sabemos que eso aún no es cierto. La escuela no educa para ser feliz, forma, estandariza, prepara a la gente para el mercado laboral. Las familias tampoco buscan la felicidad de sus miembros; donde hay padres responsables se paga colegiaturas, pensiones y vacaciones para que "nuestros" niños tengan cosas, experiencias y relaciones pero sobre todo, entretenimiento que les ayude a sobrevivir las presiones cotidianas. Amar es ser responsable y ser responsable es trabajar para pagar. Eso es a lo que le dicen ser un "súper papá".

Pero por más que se estabiliza al peso, por más horas en interminables juntas en las consejos de los colegios y por más esfuerzos que hacen los padres, la gente no es del todo feliz. Risas no faltan, vivimos hasta el cuello en un mar de memes, comediantes, chistes, estandoperos, series, películas y chismes insulsos. Hay música, volumen, multitudes, goles, alcohol y puentes vacacionales, hay el día el esto y el día del aquello. Pero la humanidad no es feliz, Está entretenida, gratificada, estimulada, sobreexitada, sexualizada, pero no está en paz.

Para que en México y en el mundo haya menos guerras, menos soldados, menos policías menos sicarios, necesitamos que los gobiernos le hagan un lugar a la paz interior de los seres humanos. Para que los futuros adultos del planeta produzcan-contaminen-compren menos necesitamos que en las escuelas se le enseñe a la gente a ser feliz antes que nada. Para que haya menos sufrimiento en la vida, necesitamos que los padres les muestren con su ejemplo a los niños cómo estar en santa paz aunque no se haga su voluntad.

La paz es el árbol y la felicidad son sus frutos. Si quieres ser feliz abstente de comprar un viaje o un videojuego, cultiva mejor tu paz interior, es decir, aprende a estar, a darte cuenta y a aceptar.

Las cosas nunca van a estar bien pero uno siempre puede estar bien ante todo lo que está mal.

La economía siempre puede crecer un poco más, acelerarse un poco más, los programas sociales pueden ser más y más ambiciosos, pero la ambición humana también es infinita, tanto la del pueblo como la de los amos. Esta carrera loca debe tener una meta y ese punto de inflexión no es otro más que aquel en el que uno dice “No quiero nada más por el momento, me encuentro bien” Ese instante es la paz poderosa del que está aquí siendo lo que es ahora, y dejando a todo estar como está.

¿No puedes cambiar al mundo? Opta por un gobierno consciente. ¿No puedes cambiar a tu gobierno? Elige un colegio en donde se medite. ¿No puedes cambiar a tus escuelas? Sé un faro de luz en tu familia. ¿No puedes cambiarte a ti mismo? Para de joderte, para y déjate en paz.

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