jueves, 2 de octubre de 2025

El cortauñas o Dios. R.Luna. psicología Gestalt.

EL CORTAUÑAS O DIOS

Mi padre tenía sus cosas, una máquina de escribir, la armónica que compró en Holanda, sus cartas. A su muerte mi madre obsequió la máquina, puso la armónica en el cesto de la basura -"porque ya estaba muy sucia"- y sus cartas aguardan su turno para cuando ya no signifiquen nada para nadie...

En cierta ocasión tiré de un cable, se vino al piso el disco duro funcionando y en un santiamén me quedé sin todas las fotografías que hasta entonces había tomado. Momentos familiares, paisajes, detalles, viajes y demás se fueron así nomás, de un solo golpe. Cuando abrieron mi auto para robar, se llevaron mi Ipod con cientos de piezas musicales meticulosamente coleccionadas a través de viajes delirantes por todos los géneros e infinidad de países. Le era digital es efímera, los acetatos ya son como hojas secas, pero los datos son poco menos que viento.

Es el destino final de todo la nada y la nada es el punto de partida de todo. Los recuerdos son muy bonitos porque nos dan la sensación de existir, y eso se agradece, pues aunque fugaz, la realidad parece muy creíble. La permanencia no existe, lo que pasa es que las montañas envejecen más despacio que nosotros y el cielo muere más despacio que las montañas. Nada permanece. Vivir sabiéndolo cabalmente y estar en paz con ello es la iluminación.

Pero hay quien se asoma a esto y al atisbarlo siente un gran desasosiego en su pecho, una nausea imposible de soportar que le lleva al suicidio rápido e irreversible o bien a uno lento, sepultado entre rutinas, series de Netflix y entretenimientos de los más anodinos, instantáneos, automáticos y por demás desechables. Es por eso que nos aferramos tanto a las cosas y a las costumbres.

Vivir el presente, encarnarlo, ser el presente en sí, es el modo de arrostrar no al destino, sino a la inexistencia del mismo, pues el futuro jamás llega, así como jamás llega uno al feliz encuentro con la infinita linea del horizonte. Eres tú el vórtice en el que convergen los tiempos, pero no te interesa, ni lo sabes ni quieres estar de acuerdo con ello, pues esto implica tu absoluta responsabilidad en la Creación, así que dejas esta lectura en paz y te vas al Centro Comercial más cercano, a comprarte un helado o un cortauñas, da igual.

Pero si no, entonces notas lo inverosímil del milagro: respiras aquí y ahora, en este milagro irrepetible al cual puedes añadir una danza, un trazo, o un guiño de consciencia plena, pues ¿de qué sirve que Dios se esmere tanto si no te tomas la molestia de notarlo?
Ramón Luna. Psicoterapeuta.

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