miércoles, 1 de abril de 2026

Vive

Vivimos inmersos en un engranaje que no siempre elegimos. El sistema —esa suma invisible de normas, expectativas y rutinas— nos empuja sin preguntar hacia metas que rara vez nacen de nuestro deseo. A veces sentimos que la libertad se vuelve una ilusión bien diseñada, un espejismo que nos mantiene en marcha mientras creemos decidir. Sin embargo, aun dentro de ese impulso impuesto, late una posibilidad: la de vivir sin la obligación de justificar cada paso.
Tal vez la vida no necesite un propósito trascendental para ser plena. Quizá baste con existir, con absorber cada instante sin convertirlo en una prueba de algo mejor. Cuando uno deja de exigirle a la vida un sentido absoluto, empieza a encontrar belleza en lo efímero, en lo absurdo incluso. Vivir, entonces, se transforma en un acto de rebeldía silenciosa: no seguir un camino trazado, sino inventarlo sobre la marcha, sin miedo a perderse, porque lo importante no es llegar a un destino, sino haber estado verdaderamente vivo en el trayecto.

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