Algunas personas piensan que da igual como hayas sido educado (fuera de lo que es el extremismo) y que cuando eres adulto nada de todo eso influye.
Para nada es importante entonces que crezcas sin saber gestionar adversidades (pues la inmensa mayoría de las veces la fortaleza emocional no es innata) o que vivas el resto de tu vida, por ejemplo, con una ira un poco o bastante incontrolable, una alexitimia o frialdad sea del grado que sea, una pereza que te pesa, un apetito que no se sacia; que convivas con un escudo protector para luchar contra los daños emocionales y que te lleva a la prepotencia y a la intransigencia; con una gran necesidad de sentirte valorad@, o amad@, o comprendid@; con un miedo absurdo a las confrontaciones o enfrentamientos, o con una insatisfacción que te hace buscar incansablemente la perfección. Qué importa vivir con miedo a tomar decisiones y estar constantemente en un mar de dudas, una queja constante, una falta de responsabilidad, o con una mente demasiado complicada o profunda, o demasiado simplista o banal o superficial; con una cognitividad exclusiva, una emocionalidad o una impetuosidad igualmente exclusivas; sin contar ya con el machismo en cualquier grado, la violencia, la pederastia, la homofobia, la xenofobia, la adicción a las drogas, al juego..., la falta de empatía, de sensibilidad, etc, etc, etc....
Vivir con algo de todo lo expuesto que, te des cuenta o no, te está haciendo sufrir o está dañando a alguien, o a algo...
Ppi.
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