jueves, 8 de octubre de 2020

La sonrisa

En la educación que recibíamos _al menos en España en tiempos pasados_  nos enseñaban el respeto a base de miedos, nos habituaban al hecho de que la letra con sangre entra, nos hacían ver que la mujer era más débil que el hombre y por lo tanto inferior; que el trabajador se debía de humillar (si era preciso) al empresario, porque es el que te daba de comer;  nos aseguraban que el único y verdadero Dios era el cristiano, que la homosexualidad era una enfermedad y tantos y tantos condicionamietos llenos de errores. Todo eso en mayor o menor medida, aunque parezca desfasado, esta interiorizado, hoy en día, en muchísimas personas.
No me gusta y en absoluto me siento orgullosa de ellas.

Sí que estoy orgullosa, sin embargo, de las nueva generaciones que están surgiendo; esas que creen en la igualdad del hombre y de la mujer, y que es por eso por lo que luchan por una educación sexual basada en ello, para que, entre otras cosas, se acaben las violaciones y los maltratos, tanto de una parte como de la otra. Esa generación que está surgiendo, que defiende los derechos humanos y su diversidad, el amor a la ecología, a la educación respetuosa y cooperadora en todos los aspectos, esa que apuesta por unas enseñanzas que formarán adultos con una ética, empatía y sensibilidad tan necesarias como el comer y que gracias a la epigenética se vería reforzada.
 Muchos creen que eso empobrece un país; ¡cuánta ignorancia pensar sólo en lo material que nos arrastra al empobrecimiento como seres humanos!... 

De esta nueva generación SÍ estoy orgullosa, porque sé que cada vez son más y eso hace que nazca una esperanza en mí. Esa que hará que me vaya de este mundo con una sonrisa en la boca. 

Ppi.

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